Choques culturales en España. Cómo entender a los españoles

Choques culturales en España

Con este vídeo empezamos una serie de vídeos sobre choques culturales que podrías vivir en España, pero que evitarás gracias a que estás aquí, conociéndolos :). Vamos a empezar con dos que quizá, si tienes una cultura próxima a la española, puedas conocer… o quizá no. ¿Te animas? ¡Venga!

¡PERO TE AVISO! El segundo choque cultural que nombro en este vídeo es uno que yo misma he sufrido en muchos países (mostrados de una forma u otra) o al ver vídeos de personas de otras culturas. Quizá, si tu cultura es muy opuesta en esto a la española, pueda sonarte MUY FEO lo que voy a decir. Pero lo tenía que decir. Es lo que hay, y me hará feliz saber que piensas igual, aunque quizá en tu país eso todavía no sea así.

 

Transcripción del vídeo «Choques culturales en España. Cómo entender a los españoles»

-¿Quieres un poco más de cocido?

-Ay, no, gracias, estoy bien.

-Venga, un poco más.

-Bueno, vale.

¡Hola a todos y todas! Como ya sabéis, mi nombre es Lucía y soy profesora de español. Con este vídeo empezamos una serie de vídeos sobre choques culturales que puedes experimentar si vienes a España o si te relacionas con españoles. Son cosas que probablemente sean diferentes en tu país, así que toma nota.

-¿Es necesario que tome nota? Si yo me acuerdo.

-Que tomes nota, hombre, que no te vas a morir. Va, empezamos.

Los españoles podemos rechazar algo una o dos veces por cortesía.

Rechazamos ofrecimientos o invitaciones. Me explico. Tenemos, por un lado, a la persona que quiere ofrecer y, por otro lado, a la persona que tiene que decir sí o no a ese ofrecimiento.

CUIDADO CON ESTO:

A lo mejor, la persona que ofrece algo:

  1. Lo está haciendo por compromiso, por obligación moral, pero realmente no quiere hacer ese ofrecimiento.
  2. Sí está haciendo ese ofrecimiento con sinceridad.

Por ejemplo, si la persona invitada dice que NO quiere más comida (“ay, no, gracias, estoy bien, ¿eh?, de verdad”), la anfitriona va a insistir (“venga, un poco más”), porque sí está haciendo ese ofrecimiento con sinceridad.

Ahora, ¿por qué la chica rechaza el ofrecimiento? ¿Es porque no quería más? En realidad, es bastante probable que los españoles rechacemos algo por cortesía, para no molestar a la otra persona, para no abusar de su amabilidad. Por ejemplo, si vamos a una casa y nos ofrecen un café, primero les vamos a decir que no, porque no queremos que se pongan a hacer un café para nosotros, no queremos molestarles. Eso es cortesía.

A lo mejor sí queremos un café, sí nos apetece. Aun así, lo rechazamos y SOLO si insisten lo aceptaremos. Esto es porque si insisten sabemos que de verdad no les importa hacernos un café, así que, bueno, ya hemos cumplido con la cortesía diciendo que no una vez y ya está. Como han insistido, podemos decir que sí. Con un café, con un segundo plato de cocido, con lo que sea.

Lo mismo ocurre en situaciones como esta:

-Oye, pago yo, ¿eh?

-¿Cómo? No, no, no, no, de eso nada. Invito yo.

-Que no, mujer, que hoy invito yo.

-Bueno, pues yo te invito a la próxima.

-Vale, perfecto.

Siempre, por cortesía, cuando nos hagan un ofrecimiento o cuando nos quieran invitar a algo, vamos a decir que no UNA vez y puede que hasta dos veces, pero si insisten y estamos de acuerdo, vamos a aceptarlo.

Ahora tengo que hacer tres aclaraciones:

  1. La primera es que siempre vamos a rechazar con alguna razón o excusa. No podemos decir solamente “no”, porque eso sería muy maleducado. Tenemos que añadir cosas: no hace falta, no te preocupes, no es necesario… Y si realmente queremos rechazarlo, si no es simplemente una estrategia de cortesía, tenemos que dar una buena justificación y siempre, siempre, siempre, mostrar nuestro agradecimiento. Muchas gracias, pero es que estoy llena; muchas gracias, pero es que no puedo comer más; ay, de verdad, muchas gracias, pero es que voy a explotar; te lo agradezco, pero es que me tengo que ir enseguida, etc. ¿De acuerdo? Tenemos que dar una razón y agradecer el ofrecimiento o la invitación.
  2. La segunda aclaración es que hay invitaciones que no podemos rechazar. Es decir, por sentido común, si nos invitan a un cumpleaños, a un bautizo, a una comunión, a una boda, etc., no podemos rechazarlo. Ese tipo de celebraciones e invitaciones no las rechazamos nunca, ¿eh? De hecho, esas celebraciones son muy importantes para nosotros y si alguien las rechaza sin dar un motivo o dar un buen motivo, puede resultar ofensivo. Por ejemplo:

-Nena, la semana que viene vamos a celebrar mi cumple, así que no hagas planes para el sábado.

-¡Qué guay! ¿Dónde y a qué hora?

¿Veis? Las cosas así, a no ser que tengamos un motivo muy importante, las vamos a aceptar automáticamente.

  1. La tercera aclaración es que cuando un hombre le hace una propuesta sexual o amorosa a una mujer, o viceversa o dentro del mismo género, y ella le dice que no, NO ES NO. No hay ningún rechazo por cortesía. Repito: en estos casos, no es no.

Y ahora, queridos y queridas estudiantes de español, vais a conocer a la Lucía más enfadada. Bueno, la mayoría de mis estudiantes ya conocen esta faceta mía, no el hecho de que yo esté enfadada, porque no me suelo enfadar, sino las razones por las que yo me puedo enfadar. Y una de esas razones es el MACHISMO.

El otro día estaba viendo un vídeo de una chica mexicana que estaba hablando de choques culturales que había sufrido en España. Tuve que quitar el vídeo, porque me enfadé muchísimo. Me cabreé. ¿Y por qué me cabreé? Porque esta chica dijo que un hombre, para conquistar a una mujer, tenía que invitarla a cenar, tenía que pagarle la cena. Vamos a ver… Bueno, esperad un momento, que voy a por una tila para calmarme.

Un hombre no tiene que invitar a una mujer a NADA. Las mujeres, en la actualidad, y obviamente hablo de los países desarrollados, tienen poder adquisitivo. Es decir, trabajan y ganan el mismo dinero que los hombres. Esto significa que no dependen de los hombres, que somos iguales y que por tanto los hombres no tienen que invitarnos a nada simplemente por ser mujeres. El paternalismo se ha acabado.

Esta chica mexicana decía que los hombres españoles eran unos sosos, que no eran románticos, porque no invitaban a las mujeres a cenar. Mirad, yo me siento muy orgullosa de decir que España ya no es un país machista. Tiene muchísimas, pero muchísimas, cosas machistas, pero es un país feminista, es un país igualitario.

Si tú eres un hombre y quieres tener una cita con una mujer española, lo que vas a hacer es separar la cuenta (el precio de la cena o de la comida) en dos y cada uno pagará lo suyo, cada uno pagará una parte, o en una ocasión ella te invitará a cenar a ti y, en otra ocasión, tú, como hombre, la invitarás a cenar a ella. Es decir, será algo igualitario.

No os hablo de las personas de cierta edad, ¿eh? No. Es comprensible que las personas que tengan más de cincuenta o más de sesenta años sigan esos modelos tradicionales de que paga el hombre, aunque la mujer trabaje, porque los tienen muy asimilados desde hace muchísimo tiempo. Yo estoy hablando ahora de los que son más jóvenes. De esos que se han criado en un tipo de educación más igualitaria, en una pareja en la que trabajan los dos y que por tanto los dos tienen poder adquisitivo.

Por eso, obviamente me he ofendido con estas palabras de esta chica. Y aun así ella decía que era feminista. Yo lo siento, pero si pretendes que un hombre te invite a cenar siempre simplemente porque eres mujer, tú no eres feminista. Eres machista y punto.

¿Veis? Este ha sido un ejemplo de choque cultural. Y, además, inesperado. Totalmente inesperado, pero tenía que decíroslo. ¿Qué choque cultural? Primero, el que sufrió esta chica al enfrentarse a una cultura feminista, a una cultura igualitaria, y el choque cultural que he sufrido yo al enfrentarme a una persona que lleva arraigada, muy dentro de sí, una cultura machista.

He dicho la nacionalidad de esta persona, de esta chica, que es mexicana, pero eso no significa que todos los mexicanos piensen así, evidentemente, o que sean solamente ellos quienes piensen así. Yo he experimentado este choque cultural, este choque machista, con un montón de nacionalidades diferentes e incluso con españoles. Pero, por suerte, en España es cada vez menos común y ya no es lo normal. Solo lo vamos a ver, como he dicho antes, en las generaciones mayores (de cincuenta años para arriba), en los que han vivido en un ambiente siempre muy tradicional o en los que son *********.

No os perdáis más choques culturales y otras cuestiones sobre cómo es vivir en España en estos vídeos de aquí. ¡Nos vemos aquí en Erre que ELE, en el pódcast o en las redes sociales! ¡Hasta pronto! ¡Chao!



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